¿Me quieres? Me preguntas con tu sonrisa.
No respondo. Hay silencio entre los dos. Y ninguno de nosotros lo rompe. Con el corazón en la mano en carne viva, me cae una lágrima por la mejilla. No sé qué responderte. Sé que la respuesta a esa pregunta es afirmativa, pero no me atrevo a darla. ¿Será el orgullo? Puede. ¿Será miedo? Pero, ¿miedo a qué? ¿a quererte? Ya lo hago.
Sigo sin responder. Y me voy. No quiero mirarte a esos ojos. Esos ojos que llaman a la puerta de mi corazón pidiendo que deje el orgullo, que sea capaz de contestar "sí" y dé un paso adelante. Pero no, no quiero caer en esa trampa. Sé que no soy la única en tu vida, que hay otra. Otra a la que le dices lo mismo que a mi, y eso me hace sentir mal.
Comienzo a andar para delante sin echar una mirada atrás. No me arrepiento, sé que estoy haciendo lo correcto. Cuando de repente, noto una mano cogiéndome del brazo. Es él. No sé que quiere. Me doy la vuelta y me da un beso. Uno de esos que se te ponen los pelos de punta. De los que te llegan hasta el estómago.
¿Qué ha sido eso? Le pregunto cuando se separa de mi.
No me respondiste, porque no sabías como darme la respuesta. O quizás sí. Pero lo que sé es que no te atrevías a darla. Sé que me quieres, lo noto en tu mirada. Me dí cuenta al hacerte la pregunta. Yo sí me he atrevido a darla ahora. Ahora, que sé que ninguna te llega a la altura. Ahora que sé que te quiero.
